ESPEJO DEFORMANTE








Era joven, alto y guapo. Siempre iba vestido con prendas de temporada y de gran calidad. Sus largos y negros cabellos y su caminar elegante, hacían suspirar de amor a las muchachas y despertaban la envidia de los hombres.

Sin embargo, Pedro no era feliz. Se sentía muy inseguro. Salía a la calle lleno de complejos, se veía viejo, casi enano y horriblemente feo. Tenía la sensación de ir vestido con andrajos y procuraba evitar el encontrarse con conocidos por pura vergüenza de su aspecto. 

La puerta de su armario tenía un espejo deformante y no lo sabía. 

Su espejo duró más que él, que murió atropellado por un autobús que no alcanzó a ver mientras caminaba con la mirada gacha de pura vergüenza de su aspecto.

 Y es que ya no se fabrican espejos como los de antes.



Imagen de Sarah Richter en Pixabay