Siempre me preguntaba por qué aquellos dos personajes no se conocían. Ambos eran vecinos míos y yo les vigilaba desde la atalaya que representaba el desván de mi abuela. Les veía entrar y salir a través del patio interior donde estaban los portales.
Cuando reparé en ellos hacía unos días que había sido acogida, junto con mi madre, en la vivienda de mi abuela.
A Julia empecé a seguirla cuando la identifiqué como una de las maestras que ejercían en mi escuela. Supe en qué piso vivía cuando viéndola llegar y entrar en uno de los portales pares, comprobaba qué luz se encendía después.
Vivía sola en un quinto piso, con un gato gris de mucho pelo al que llamaba Bola
A Julia Olmos, le gustaba ayudar a las personas por eso ella se había fijado en mí. Y también le gustaba la poesía.
A Julián Montes, de altura medía y algo de barriga, con barba y pelo más bien largo que empezaba a faltar sobre la coronilla, empecé a tratarle cuando su madre y mi abuela coincidieron en la misma habitación en uno de sus ingresos hospitalarios.
Julián era bastante tímido, muy atento y amable. Me gustaba de él que nunca levantase la voz. Lo vi extremadamente triste cuando su madre perdió la batalla frente a la enfermedad. Desde entonces intentaba coincidir con él cuando iba a comprar el pan y veníamos charlando de libros y de otras cosas hasta el patio. Él vivía en un segundo piso de un portal impar. Julián tenía una gata siamesa con mucha personalidad a la que llamaba May
Julián es profesor de historia en el Instituto. Le gustaba leer y escribe novelas donde la intriga y el amor se mezclaban para dar un poco de emoción a su vida.
Pensé, sobre todo desde que murió mi abuela, que Julia y Julián serían los padres perfectos que yo necesitaba, esos dos seres maravillosos que vivían tan cerca sin conocerse. Y decidí que debía intervenir para cambiar aquella realidad.
¡Claro! Que a veces es mejor que los deseos no se cumplan.
Un día volvíamos volvíamos juntos de la panadería y paramos inadvertidamente delante del portal, justo en mitad de la entrada del garaje. Discutíamos sobre el final de la saga de La Torre Oscura, de Stephen King.
Julia salía en ese momento del garaje, la rampa es inclinada y con escasa visibilidad. Al vernos se sobresaltó, pegó un volantazo y se estrelló contra un 4x4 que se encontraba aparcado justo a la derecha de la salida.
Bajó del coche y miró desolada el morro de su Opel Corsa recién comprado. Tenía los faros rotos y el morro delantero bastante abollado.
Julián, que hasta ese momento se había quedado desconcertado por el impacto, se acercó a Julia para preguntarle si se encontraba bien.
- Imbécil, si no estuvieras parado en medio de la calle como un espantapájaros, me encontraría mejor.
- Que buscas, ligarte a esa niña metementodo, que se pasa el día espiando por la ventana como si fuera una puta portera.
- Pues ya que lo dices, sería mejor que ligarte a ti, estúpida cuatro ojos. Hasta un ciego nos hubiera visto y no hubiera chocado. ¿Tuviste que poner el coño para que te dieran el carnet?
- Eres un hijo de puta, que no das ni los buenos días por no gastar, que en el barrio nos conocemos todos. Pero pienso llamar a la policía y denunciaros a ti y a la niñata de mierda.
Fue lo último que oí. Poco a poco me había acercado al portal, y entré sin meter ruido ni mirar atrás.
Y ya no me parecían los padres perfectos.
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