Sobre el blog

Historias alegres que parecen tristes, historias rancias en busca de unas gotas de modernidad, relatos ingenuos pero cargados de mala intención

EN EL TANATORIO -CUENTO DE HUMOR NEGRO

 


Las reflexiones de un muerto, de su mujer y de su mejor amigo




[Personajes: Narrador, Juan, Miguel, Leonor. Puede que también participe La Muerte].
  • Juan no sabe si está vivo o muerto.
  • Miguel es amigo de Juan y también ex-novio de Leonor. Si Juan está muerto, aún tiene una oportunidad con Leonor. Siente pena y se alegra.
  • Leonor quiere a su marido, Juan. Pero ya que parece muerto, no quiere desperdiciar sus posibilidades con Miguel, que además es alto, guapo y elegante. No puede olvidar que fue su primer amor aunque Juan fue su gran amor.
  • La Muerte no tiene claro si salir a escena o no. Está ahí, detrás del telón, esperando.


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Aquel día, no tenía previsto morirse. Sucedió de forma natural, sin estridencias ni sobresaltos, simplemente se quedó quieto y dejó de respirar.

 No acostumbraba a hacer planes a largo plazo y aún menos para la eternidad, por lo que no tenía una idea muy clara de lo que hacer a partir de entonces.


Arrastraba meses de mala salud, de esa mala salud exigente con los demás, que a su parecer lo habían convertido en un enfermo prescindible, de los que dan más lata que pena.


Al principio no estaba muy seguro si era una muerte o bien un desmayo u otra incidencia de tipo transitorio. Tenía síntomas claros de cadáver, pero otros detalles le inclinaban más bien a pensar lo contrario.


Por una parte, no podía hablar ni ver, no respiraba ni sentía. No podía moverse y a pesar de llevar un buen rato allí dondequiera que se encontrase, tampoco tenía gana de hacer aguas, ni mayores ni menores, lo que no dejaba de ser extraño en alguien tan regular como él. Y además, no sentía hambre.


Sin embargo, había dos razones que parecían descartar el óbito. La primera era que tenía consciencia o por lo menos eso creía, aunque no tenía con quien contrastarlo. Y la segunda era la falta de síntomas de la muerte.

 Esperaba haber visto un túnel largo que acabase en una brillante luz seráfica, como contaban algunos o bien un profundo abismo que presagiaría los más horribles suplicios.


En una muerte como dios manda, pensaba él, tendría que haber un ángel o un demonio o por lo menos algún ser sobrenatural que nos diera la bienvenida o tal vez la malvenida si correspondía.


Para descansar de tanta tribulación, pensó en echarse una siesta, lo que por otra parte era bastante complicado porque al no ver, tampoco podía cerrar los ojos. Por si fuera poco, si estaba muerto resultaba difícil dormirse porque técnicamente no estaba despierto.


Estaba pensando en estas y otras cosas, cuando oyó hablar a varias personas cerca de él. Bueno, oír hablar es un decir, porque oír va a ser que tampoco oía. Era más bien que de pronto era capaz de percibir lo que pensaban los que estaban cerca de su cadáver, los pensamientos que comunicaban a los demás mediante conversaciones…y también los que callaban.


Al principio que quedó tan absorto por esta novedad que no reconoció las voces. Bueno, ya dijimos que no eran voces lo que sentía, pero convencionalmente vamos a usar en lo sucesivo esta licencia para simplificar.


Leonor – Gracias, Miguel, por acompañarme. No sé qué hubiera hecho sin ti, primero durante la enfermedad de Juan y ayer (siguen varios sollozos) esa muerte tan repentina, cuando parecía que se estaba recuperando (vuelve a llorar).

(Debería haberme puesto la blusa gris, esta no me sienta nada bien)


Juan nota que a Leonor la avergüenza este pensamiento en semejantes momentos, pero no pudo reprimirlo.


Miguel – Ni lo menciones, Leo. Siempre fuimos amigos, los tres, y Juan me echó una mano en más de una ocasión. Es lo menos que podía hacer, sabes que puedes contar conmigo.
Y además, en algún tiempo, hasta pudimos haber sido algo más que amigos, Leo…


Leonor – Por favor, Miguel, no es momento de pensar en eso, que además pasó hace tanto tiempo.


Miguel – Si, perdona Leo, era por intentar animarte un poco. Una broma totalmente inadecuada.


Leonor – No te preocupes, Miguel, estamos todos un poco nerviosos y con todo lo que has hecho no puedo enfadarme contigo.


(Juan nota que sin embargo a Leonor la halagó el comentario de Miguel, y que este se dio cuenta. A Leonor le gusta que Miguel se haya dado cuenta.)


Pasan unos minutos en que nadie dice nada y ni siquiera están pensando o Juan no lo percibe.


Por fin, La Muerte sale de detrás del telón y le hace un gesto a Juan. Tiene que ir con ella. En ese momento, antes del apagón definitivo, nota que Miguel coge la mano de Leonor y la acaricia entre las suyas. A ella le caen dos lágrimas, una de cada ojo. Juan ya no tiene tiempo a percibir si son de alegría o de tristeza.


Todo se apaga. Juan, como está muerto,  ya no puede sentir que está muerto.



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2 Comentarios

  1. Quizá Juan pueda manifestarse, claro está, de forma incorpórea, e incordiar un poco en la vida terrenal de la parejita amiga. :)

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    1. No creas, le apagaron la luz y ya no ve nada. Feliz año 2026

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